¿Es justo alimentar la discusión entre libro y película? ¿Entre las virtudes de una frente a los posibles defectos de la otra? ¿Se considera peyorativa de por sí la palabra "adaptación"? ¿Es una adaptación una violación? ¿Nos hemos vueltos los lectores unos dictadores que no quieren ver en la gran pantalla la visión tergiversada de lo que tuvieron en su cabeza mientras leían e imaginaban? ¿Puede incluso el propio autor original sentirse ofendido si no se ha respetado su visión de la obra o debe entender que ha dejado de ser suya para ser trasladada a otro medio por otra persona?
La novela de Michael Ende que dio nombre a la película tenía todas las papeletas para ser llevada al cine cuanto antes. “Lahistoriainterminable” venía ampliamente avalada por su condición de best-seller, reunía condiciones para ser seguida por públicos variopintos y de amplio espectro de edad y estaba contada casi como un guión de cine, con numerosos personajes idóneos para llevar a la pantalla, un esquema tradicional en tres actos y todo ello en el marco de un asombroso torrente de imaginación.
Y así fue. “Lahistoriainterminable”, un texto europeo, llegó al cine auspiciada por una productora europea, alemana como su director, Wolfgang Petersen, quien imprimió al conjunto aspecto de superproducción estadounidense. La película traspasó las fronteras del viejo continente y tuvo una más que aceptable carrera comercial en todo el mundo. Las aventuras de Bastián, un niño acosado, víctima de lo que hoy conocemos como “bullyiing”, que por casualidad y un libro abre las puertas de un reino de la fantasía, que necesita un héroe que redima y salve a sus habitantes, cautivaron al mundo, pero también abrió en su día la eterna polémica de las adaptaciones literarias, esa discusión que salta a la palestra cada vez que una gran novela (mejor, una novela muy vendida) es llevada al cine.
¿Es mejor “Lahistoriainterminable”-película o “Lahistoriainterminable”-libro? La bizantina disquisición se resuelve con sencillez: simplemente, son dos cosas distintas, dos productos culturales y de entretenimiento completamente diferentes. Es cierto que Wolfgang Petersen captura la esencia de la novela, pero no menos lo es que la densidad, la espesa fantasía que puebla las páginas del libro no puede ser apresada en película alguna porque ningún director de cine ni lo pretende cuando adapta un texto literario ni jamás lo ha conseguido nadie.
Antes de alimentar absurdas y yermas discusiones, es infinitamente mejor disfrutar de esta monumental película, que obra el prodigio (para eso, en definitiva, está el cine) de entretener, que difunde valores socialmente considerados como buenos (en segundas y terceras lecturas probablemente habría mucho que discutir al respecto, pero eso es otra historia) y que, por lo que respecta al negocio de las películas, abrió al cine europeo puertas hasta entonces cerradas con 12 llaves.
“Lahistoriainterminable” es un título por el que no pasan los años, una película necesaria para contribuir a la formación de una imagen de conjunto del cine mundial, particularmente del europeo. Una deliciosa fábula con la grandeza de no agotarse en sí misma.
La novela de Michael Ende que dio nombre a la película tenía todas las papeletas para ser llevada al cine cuanto antes. “La historia interminable” venía ampliamente avalada por su condición de best-seller, reunía condiciones para ser seguida por públicos variopintos y de amplio espectro de edad y estaba contada casi como un guión de cine, con numerosos personajes idóneos para llevar a la pantalla, un esquema tradicional en tres actos y todo ello en el marco de un asombroso torrente de imaginación.
Y así fue. “La historia interminable”, un texto europeo, llegó al cine auspiciada por una productora europea, alemana como su director, Wolfgang Petersen, quien imprimió al conjunto aspecto de superproducción estadounidense. La película traspasó las fronteras del viejo continente y tuvo una más que aceptable carrera comercial en todo el mundo.
Las aventuras de Bastián, un niño acosado, víctima de lo que hoy conocemos como “bullyiing”, que por casualidad y un libro abre las puertas de un reino de la fantasía, que necesita un héroe que redima y salve a sus habitantes, cautivaron al mundo, pero también abrió en su día la eterna polémica de las adaptaciones literarias, esa discusión que salta a la palestra cada vez que una gran novela (mejor, una novela muy vendida) es llevada al cine.
¿Es mejor “La historia interminable”-película o “La historia interminable”-libro? La bizantina disquisición se resuelve con sencillez: simplemente, son dos cosas distintas, dos productos culturales y de entretenimiento completamente diferentes. Es cierto que Wolfgang Petersen captura la esencia de la novela, pero no menos lo es que la densidad, la espesa fantasía que puebla las páginas del libro no puede ser apresada en película alguna porque ningún director de cine ni lo pretende cuando adapta un texto literario ni jamás lo ha conseguido nadie.
Antes de alimentar absurdas y yermas discusiones, es infinitamente mejor disfrutar de esta monumental película, que obra el prodigio (para eso, en definitiva, está el cine) de entretener, que difunde valores socialmente considerados como buenos (en segundas y terceras lecturas probablemente habría mucho que discutir al respecto, pero eso es otra historia) y que, por lo que respecta al negocio de las películas, abrió al cine europeo puertas hasta entonces cerradas con 12 llaves.
“La historia interminable” es un título por el que no pasan los años, una película necesaria para contribuir a la formación de una imagen de conjunto del cine mundial, particularmente del europeo. Una deliciosa fábula con la grandeza de no agotarse en sí misma.
(Fuente: //http://www.canaltcm.com/peliculas/la-historia-interminable//)